El francés Nicolas Vanier se ha especializado en películas en las que la naturaleza adquiere una importancia fundamental. La relación con el entorno, con los animales y las historias infantiles de crecimiento y aprendizaje vertebran buena parte de sus títulos, en los que late la aventura y los valores humanos. En ‘La escuela de la vida’ se esfuerza por ofrecer una película con regusto nostálgico en el que el paisaje lo es todo y en la que se recupera la esencia del pintoresquismo de las escenas campestres, de caza y pesca a través de la mirada de un niño. Una película familiar de narrativa folletinesca pero con bellas imágenes.